Servicios Sociales en Galicia: retos y oportunidades

Autora: Ana Vilar

Para estrenar la oportunidad de escribir en este blog, quiero compartir una reflexión abierta hacia nuestra profesión y nuestro quehacer diario.

Mi pretensión  con este escrito no es otra que motivar a sus posibles lectores/as sobre  el modelo actual de atención social  de los servicios sociales en Galicia, y como estos nos están situando ante un escenario de confusión de identidad profesional.

Galicia, al igual que el resto de comunidades autónomas, se encuentra en un proceso de redefinición de los servicios sociales, las recientes aprobaciones de las leyes de última generación nos están mostrando un camino de tránsito dibujando un modelo de atención social vinculados a las cambios en las estructuras y dinámicas familiares, dependencia, rentas básicas, procesos de exclusión social,  actuaciones socioeducativas ,sociosanitarias, perspectiva ética, etc….

Estas necesidades emergentes plantean un marco donde los servicios sociales se deben situar como derechos subjetivos, y el acceso a los mismos, debe ir más allá de las carencias, discrecionalidades de concesión de servicios, centrándose más en la garantía de unos derechos efectivos.

Esta garantía debe complementarse con la constitución de mapas, desarrollos locales y autonómicos de servicios sociales y no exclusivamente a la asociación de cartera de servicios y prestaciones.

Establecer esa dimensión requiere también de una intervención y diagnóstico profesional que avale nuestras actuaciones sociales, desde una perspectiva preventiva con mayor presencia de nuestro colectivo en distintas áreas, y donde los servicios sociales comunitarios , deben de dejar de funcionar como espacios de “ triaje” , de “ ventanilla única”, para abordar una especialización y orientarse hacia un modelo de atención centrado en la interacción real de autonomía funcional y de la integración relacional de los ciudadanos/as desde la proximidad, desde lo comunitario.

Bajo mi criterio, los servicios sociales están en crisis y la aprobación de la Ley de autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia, ha contribuído a ello, lejos de ser una oportunidad, ha conseguido desdibujar, si cabe más, el horizonte de los servicios sociales.

Actualmente nuestro modelo está confuso y ante los ojos de los ciudadanos/as y también de nuestra profesión, estamos poniendo en valor servicios de carácter administrativo como es la información de prestaciones, comprobación de requisitos, tramitación de expedientes, en definitiva un “supermercado de prestaciones y servicios”,  en detrimento del desarrollo y visibilidad del contenido teórico y relacional de los servicios sociales.

Por ello entiendo que debemos trabajar en distintos ámbitos vitales y nuestra función debe enfocarse más hacia la construcción de instrumentos técnicos de valoración de la desprotección social y de escalas de medición que nos permitan calibrar y sistematizar nuestra intervención social, más allá del eterno binomio necesidad-recurso.

La autonomía personal, y el protagonismo de las personas en su espacio vital serán básicos para avanzar en las claves de  cambio en los servicios sociales. Es ineludible que ello vaya acompasando con el desarrollo de la ética de la atención social, siendo el/la profesional la base principal de la intervención frente a modelos de dependencia, de involución asistencialista que recuerdan a otras épocas y en cuya zona de “ confort” nos hemos manejado durante años.

Es momento de reivindicar una ley marco de servicios sociales, que establezca un marco común para todos los ciudadanos/as , donde se garanticen la cobertura de necesidades pero no sólo las vinculadas a las atenciones personales, sino a las que afectan a los procesos de competencia y desarrollo social.

Esta ley debe ir unida a la definición de ratios ajustados a esta nueva visión de intervención y a una financiación adecuada y sostenible en el tiempo que permita una acción concertada de servicios sociales, sobre todo con el tejido asociativo y entidades del tercer sector.

Por último, otro reto y oportunidad no menos importante es la potenciación y el fortalecimiento de la proximidad y por ende del valor de lo comunitario, toca abrirse desde el nivel más básico al entorno y abrir caminos con otros campos profesionales, potenciando visiones trasdisciplinares que puedan ayudar y complementar este proceso de cambio social.

En definitiva, la sociedad ha avanzado y de esta crisis profesional debemos rentabilizar la bonanza de avanzar en el valor de lo social y la profesión que debe abanderarlo  debe  ser y es el trabajo social.

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